viernes 10 de julio de 2009

Jóvenes seniles

Sonó el teléfono y, al tercer timbrazo, no pudé más que cogerlo.

-No te lo vas a creer, killo, ayer me calcé a una tía espectacular… -Me desperté del susto. No podía ser. ¿De verdad había ocurrido? ¡Había vuelto a mi mundo! –Sin viagra ni nada.
-¿Cuándo tu, Percutor, has necesitado viagra?... –bufé con una risa nerviosa mientras buscaba el reloj despertador.
-Desde hace diez años por lo menos.
-¡Oh, no! Eso siginifica que sigo siendo viejo.
-Un día más que ayer… pero tranquilo. En la vejez también caen maduritas. No veas como estaba la guiri…

No escuché nada más, me levante apesadumbrado camino del sofá, prevía parada en el baño obligado por la prostata. Me sentía como cuando necesitaba el regimen, todo el día meandome. En la cocina Irene había comenzado a preparar el desayuno, con Natalia a su lado sacando algunas fotos y Bea hablando de los niños. Antonio estaba ya sentado en la mesa, tomando su café y sus pastillas para la artrosis. No había llegado a la mesa cuando el teléfono volvió a sonar. Y lo volví a coger.

-¡Fornelillo! Dile al Triste que vamos a queda a cenar en casa del Nutria, el Choco también viene, y por supuesto el Percutor. Vamos a montar una fiesta de las antiguas. Lastima que el Dani ya no esté entre nosotros para cantarnos algo…
-No creo que el piense lo mismo, Mamona- dije mientras me reía por lo bajo. Pese a los años, cada uno seguía siendo quién era: Antonio, Sergio, Alex, Juanma y por supuesto Marcos. Y pese a los años seguía viendo con naturalidad emplear aquellos motes absurdos, propios de adolescentes y no de post-adolescentes seniles como éramos nosotros.
-¿Qué no piensa lo mismo?
-Pues supongo que no. Si yo estuviera en Hollywood rodando un músical tras otro no creo que os echara de menos.
-¡Va!, tu siempre has sido un cabrón, pero Dani no. Estoy seguro que nos echa de menos.
-Claro como JuanCa… también nos echa de menos. ¡No te jode!
-Ves como eres un hijo de puta….

Uff…. ¿Cómo se me pudo olvidar algo así? Juanca había muerto cinco años atrás, mientras estudiaba el cocodrilo de agua salada del Archipielago Navidad. Un descubrimiento único que le dio la fama de biologo que buscaba. Pero que acabó con su cuerpo en un ataud de piel de Ubrique. Siempre fue raro, hasta la muerte.

jueves 9 de julio de 2009

Banderas del olvido

No tengo muchos recuerdos de aquel momento. Y si alguien no me lo hubiera recordado hace unos días creo que seguiría relegado al baul de los recuerdos perecederos. Pero ahora, al pensarlo, creo que sí. Creo que ocurrió. Aunque no sé cuando. Debió ser por el año 1997, estando en segundo de carrera y en la Bomba. En uno de los balcones que dan al Paseo Carlos III. En aquellos santos lugares desde los que gritabamos con brío aquella frase monocorde lanzada por el profesor Guzmán: ¡Callaos hijos de puta! Dirigida a la banda de música que en aquellos años ensayaba bajo las ventanas de nuestro aulario.

Pero no era aquel el grito que me fue recordado -no se puede recordar lo no olvidado-, sino la “bajada” de bandera de mi amigo Lacueva. Aunque puedo jurar que yo no canté el himno de Pemán, ni mucho menos el de Riego. Lo cierto es que aquellos que estuvieron presente lo cuentan con sorna. Uno de los grandes momentos de la carrera. Allí los dos. Uno junto al otro. Él junto a la bandera de España. Yo junto a la andaluza. Y, sin saber muy bien porque, los dos, poco a poco, bajando la bandera en homenaje antipatriotico. ¡Nosotros! Españoles que somos de bandera en el polo y el cinturón.

Y allí estabamos, o se supone, dejando caer las banderas al suelo. Mirandolas, imagino, volar lentamente hasta la acera. Cual suicida con paracaidas. Mientras los demás, también supongo, reían ante la supuesta gracia que hiciesemos nosotros.

No sé si fue verdad ya que tengo lagunas de mi época universitaria. Tal vez lo fuese. Tal vez no. Pero lo cierto es que hay quiene lo recuerda Y como historiador que soy se que la verdad no reside en la realidad, sino en ser recordada como tal.

miércoles 8 de julio de 2009

Ella

Está al fondo de la sala. Silenciosa. Blanquecina. Curvas sinuosas que se vuelven angulosas mientras me acerco a ella. Noto la frialdad en mi mano al cogerla. El aire arremolina mi ropa mientras se mueve lentamente. Deja un camino abierto. Un lugar en el que adentrarse y huir. Silenciosamente vuelvo a rozarla mientras paso junto a ella. Rugosa piel laminada, templada. Me vuelvo. La miro una vez más. Sólo una. Sabiendo que tras ella todo cambia.

Y me alejo pausadamente de aquella puerta que se cierra cautelosa.

martes 7 de julio de 2009

Adopción de libro

Soy raro, lo sé, pero creo que un libro tiene que tener dueño. Su lugar en una biblioteca. Pero un lugar destacado. Ningún libro debe ser un segundón, porque ser el segundón significa no ser leído. Lo malo es que a veces, cuando uno lee tanto como yo, se encuentra con que algún alma poco imaginativa te regala un libro de una colección de la que te ha oído hablar. Pero ¿si estás hablando de ese libro no será porque lo has leído?

Pero hay otra cuestión aún peor. Cuando tu librero de cabecera te manda el libro, y tu, que lo quieres ya y no dentro de una hora, te lo has comprado por tu cuenta. Así que hoy simplemente busco bibliófilo cariñoso para un libro: el tercero de Millenium

lunes 6 de julio de 2009

En pocas palabras

Sólo por el deseo de ser feliz se puede entender que el ser humano caíga en sus más bajos instintos. Sólo así, por esa busqueda de felicidad, el hombre renuncia a ser uno mismo, para vincularse al otro como unicamente el hombre sería capaz.

Y aún así, ese sentimiento sigue siendo lógico.

domingo 5 de julio de 2009

Tardes de piscina y postre

Hay cosas en esta vida que no cambian. Ni deberían hacerlo jamás. Y en el verano de la urbanización ese algo son las meriendas en casa de Irene. Tardes de piscina y bizcocho que se repiten año a año desde hace ya demasiados. Nos hacemos viejos, me temo. Porque ahora esas tardes son recordadas y esperadas, llorando a los ausentes como si de compañeros caídos en batalla se tratasen.

Ayer tuvimos una de esas tardes. Tardes en las que volvemos a ser niños durante un par de horas, tirados en el césped de la piscina o lanzándonos en bomba al agua. O viendo como Juanma lanzaba a su sobrino por el aire para regocijo de él y miedo de las chicas, con el reloj biológico haciendo tic tac. Horas de risas, recordando viejas torres humanas realizadas en aquella misma piscina que, como nosotros, ya no es igual. Que se ha limpiado la cara con los años, que quita escaleras como algunos aumentan arrugas o quilos.

Pero en tardes como la de ayer no se puede hablar del peso. Porque ningún verano sería lo mismo sin los pasteles y bizcochos de casa de Irene. Cierto que ayer no estábamos todos y que el recuerdo de Dani venía una y otra vez. Allí, sentados en la mesa y volviendo lentamente a nuestra realidad. A la del hoy y el mañana. A la de treintañeros trabajadores de todo ámbito que buscan lentamente su lugar en la sociedad en la que viven. Que sueñan con un futuro similar al presente. Donde los amigos sigan estando a nuestro lado, como esta tarde en casa de Irene. Como tantas otras tardes en casa de Irene. Recordando tantos años de amistad pasada y sabiendo que, al menos nosotros, seguiremos juntos otros muchos años. Sin importar cuantas vueltas de la vida.

Al final, en las colas de renovación del DNI volveremos a vernos los mismos.

sábado 4 de julio de 2009

Hombre-perro

Los hombres enviados por Sha’ab no llegaron a su destino, impedidos por el fuego de virotes enemigos. Sobre el parapeto desde el que dispararon al asesino, un hombre alzó la voz:


-¡Vaya, vaya!, parece que el héroe no es tan valiente. ¿Pues no ha manado a un par de crí­os contra él? Sabed que cualquiera que intente acabar con él sufrirá la ira de Joshynk. Joshynk está sobre vuestras cabezas pues nos somos él. Y él acabara con vosotros como un borracho su cerveza

Una enorme figura se elevó sobre las barricadas, a su lado los hombres con ballesta que le cubrí­an los flancos no parecí­an más que niños, apenas llegándole a la cintura. El semi-gigante portaba un hacha de doble hoja y con ella señalaba a Sha’ab.

- Joshynk, ja, que nombre más ridículo, tanto como la misma abominación que lo lleva – fue la respuesta de Sha’ab- ¿Así que tu eres el gran adversario, el malo maloso, que se esconde tras barricadas y filas enteras de soldados? y para colmo tiene la osadía de burlarte de mi valentía. Lucha conmigo y veremos quien queda con vida.


Mientras avanzaba hacía su adversario, los pensamientos se agolpaban en su mente: Espero que estés preparado Joshynk, porque en cuanto pongas un pie en el suelo mis soldados te acribillaran con su proyectiles.

Joshynk pareció ofenderse ante las palabras de Sha’ab, y agitó el hacha sobre su cabeza antes de lanzarse al suelo. El semi-gigante aterrizó entre el sonido metálico de su armadura y el ruido de sus botas al chocar contra el empedrado de la plaza.

-Joshynk es nombre de rey. Joshynk es un gran rey, venido del otro lado del mundo, temido por todos. Joshynk, que es nos, es un rey justo querido por sus hombres que luchan con valor junto a él. Joshynk no manda niños a luchar, va él. Y se come a los enviados por sus enemigos.

>>Pero dime ¿quién eres tú que osas llamar malo maloso a Joshynk?. Arrodíllate ante nos, porque nos se sentará en el trono de Frikigard esta misma noche.


Continuó con su pesado caminar hacia el asesino, portando un enorme escudo, que le había sido dado por uno de sus hombres antes de saltar, en el que podía verse dibujado la cabeza sangrante de un dragón negro, sobre un fondo plata.

Los ladridos de un perro provocaron que el rey semi-gigante girará la cara un instante, para ver con sorpresa como Evincar surgía en el centro de la plaza tras el animal. Todos se quedaron observándose, preguntándose si aquella repentina aparición era real, pues aunque al ahora tabernero se le observaba cansado tras la carrera, su irrupción con el perro parecía sacada de un extraño y absurdo cuento que Joshynk había escuchado mil veces en su infancia. Parecía que la vieja tata volvía a hablarle al oído:

<Si este año no me das lo que me prometiste tú te convertirás en aquello que me quitaste. El rey se rió del hombrecillo, y mandó que lo ataran bajo su ventana y que lo tratarán como si fuese un perro. Pero una mañana se levantó, y cuando fue a llamar a sus criados, se dio cuenta de que de su boca solo salía un cuac. Al mirarse a un espejo, vio que era un pato, pero que era rojo, como la sangre. Al verlo, los criados lo echaron de la sala, pues temían que el rey se enfadase si lo veía. Un caballero joven, pensando gastar una broma al hombre/perro se lo echó en la jaula en la que habitaba, comiendo carne cruda y bebiendo agua estancada. Al verlo, el hombre dijo con voz clara: Me lo comeré y, con él, a vuestro rey. Y desde entonces nada se supo del monarca>>

Joshynk no sabía porque ahora le había venido el cuento a la cabeza, pero al verlo pensó que debía tener cuidado, no fuese que aquel que ahora entraba fuese como el hombre del pato.

-¡SIEMPRE ES MEJOR SER UN PERRO QUE UN PATO!- bramó.

viernes 3 de julio de 2009

Torres más altas han caído


Estábamos en la playa, pensando en lo divertidísimo que era el día de marras. Con el mar plano, sin una sola ola, ni siquiera al chocar la marea contra la piedra que habíamos tirado en la orilla con la vana esperanza de que alguien la golpease. La vista tampoco nos era agradecida aquella tarde, sentados bajo la torre de vigilancia, soñando con que las socorristas se parecieran a Pamela Anderson, pero encontrándoles mayor parecido con Marilyn Manson. Suspirando desganados porque las curvas más pronunciadas de la zona eran las mías. Aburridísimos como solo pueden estarlo cinco quinceañeros en una playa. Hasta que alguien tuvo la genial idea.

-Hagamos deportes de riesgo, de esos del “ing”.

Ya saben: trekking, footing, rafting, puenting...

-Yo primero.
-No, yo.
-Yo no...

Pero sí. Yo también, uno a uno, todos a una. Corríamos, nos lanzábamos, volvíamos a correr, nos volvíamos a lanzar... saltando desde lo alto de la torreta del socorrista, al grito de ¡TORRETING! y ras, al suelo. Y otra vez a subir. Saltando por encima del socorrista que ya había renunciado a subir la escalerita de mano que llevaba a lo alto mientras esperaba su turno en la zodiac.


Al final, nos aburrimos de saltar aquella tarde. Pero volvimos a la noche, y a la luz de las estrellas y el calor de unas buenas cervezas, el deporte de riesgo volvió a cobrar importancia. Nadie se partió nada, cierto, pero la diversión aumentó cuando nuestro torreting se convirtió en luning y es que, en la noche, todos los gatos no son pardos, y una torre puede convertise en luna para aumentar la alegría. O la paranoia...

jueves 2 de julio de 2009

De capa caída

Soy un dios de capa caída. Por más que lo intento no vuelo, y eso me obliga a usar algo tan mundano como el coche. Pero como en mi divinidad no notaba los cambios de temperatura, mi coche que no es mío porque no me hacia falta, no tiene aire. Acondicionado, se entiende. Pero, ay, que mi divinidad se ha ido de vacaciones, como media España y el calor afecta a mi cuerpo y mi alma, que suda como nunca antes sudó. Si D. Damián, el temible profesor de Gimnasia del Guadalete me viera, puede que hasta se enfadaría. ¡Sudo más ahora que corriendo el test de Cooper! Claro que, entonces, era dios, y ahora un ser humano mortal por venganza divina. No mía, de otro.


Al menos, eso sí, moverse en el Infierno Azul que conduzco tiene sus ventajas. Y ayer lo viví en primera mano. En la autovía de Chiclana, camino del trabajo mañanero en la casa del Dios cristiano, mi colega en los altares y jefe en lo laboral. Y, de pronto, todos parados. Despacito. Media hora para un recorrido de dos minutos. La ventana bajada, el cristal sucio. El sudor nublando mi vista y empañando mis gafas, esas que ocultan mi divina identidad, como la de Superman. Y, al final del camino, los hombres de verde. Un gran control de la Guardia Civil. Y cada coche, uno tras otros, siendo parado y registrado. Algo buscaban, sin duda. Y mi divino vehículo circuló hasta el lugar de marras, o de hechos. Entre un BMW todo terreno y un C4 negro -¿los hacen de otro color?-. Y allí nos paramos. Y el Guardia, que ya me había ordenado detenerme me miró a los ojos. Y luego al coche. Y luego otra vez a mi:


-¡Anda! tira, tira.- y casi susurrandole al compañero- si este pasara algo, al menos llevaría aire en el coche. Como lo paremos mucho, le da un sincope de calo’.


Y es que, en el fondo, sería el mejor narco de Cádiz.... ¿alguien busca chofer?. Que el trabajo anda muy mal, hasta para los dioses como yo

miércoles 1 de julio de 2009

Respuestas

Fijo la mirada airada en el suelo, y el asfalto me devuelve el resquebrajado reflejo de mi rostro. No me reconozco en el agua sucia que corre en busca de un escape de tierra. La veo fluir, como mi propia vida, en busca de un nuevo cauce, en busca de un camino que le aleje del hoy.


Fijo la mirada en el suelo, en el resquebrajado reflejo que el sucio charco me devuelve. Busco en su mirada turbia una respuesta. No la encuentro. Sé que está allí, pero también sé que no debiera buscarla en el suelo sucio que viene a mi encuentro. Elevo el rostro al mundo, pero allí tampoco hay respuesta.